SERGIO ARANEDA MAIZ

A R Q U I T E C T O

" La investigación arquitectónica puede ser más metódica que en tiempos precedentes ,pero su esencia nunca puede ser puramente analítica.La investigación arquitectónica siempre será una cuestión de arte e instinto”.
Alvar Aalto

Aisén, El Paisaje como Patrimonio (revista CA 136)


Foto: Chaiten, 2001

(Texto publicado en la Revista del Colegio de Arquitectos de Chile,  número -136, año 2009)

El desarrollo de un país está ligado al uso de su territorio.

Los acontecimientos naturales ocurridos en el sur de nuestro país, no deben dejarnos indiferentes a la realidad que sufre el 15% de nuestro territorio. Después de una completa cobertura de los medios de comunicación masivos y del viaje inmediato de las primeras autoridades del país la región, vuelve a colocarse, en primera plana de la noticia, el tema de la conectividad de esta zona con el resto del país. Esta ves bajo el manto de cenizas y temblores que han azotado al pueblo de Chaitén y Futaleufú, y las complicadas maniobras de evacuación de los afectados.
Al respecto del, ya con carácter de Mesías, proyecto de unión vial con Puerto Montt, cave hacerse la pregunta del porqué se hizo la evacuación hacia el norte, hacia Osorno, P. Montt y Chiloé, haciendo de esta evacuación un verdadero éxodo que reúne mas de 6 horas en barco y rutas por un país vecino, cuando hacia el sur hay 300 km de buena carretera hasta Coyhaique capital de la XI región.
La unión vial hacia el norte no es la solución a los problemas de incorporación de este pedazo de nuestro territorio. Si ese fuese el criterio, qué pasaría con toda la región de Magallanes, que dada la extensión del campo de hielo sur, queda absolutamente desconectada vía terrestre con el resto de Chile, y para que hablar del centenar de islas en que se desmembrana nuestra tierra en su búsqueda de los Austral. La comunicación terrestre no es sinónimo de incorporación a los rieles de desarrollo del país. El camino a la solución pasa antes por el preguntarse qué espera el país de estas regiones, y ante esto formular un número de tareas pendientes. Así como se realizó un plan Chiloé, se debería formular un Plan de Palena y Aisén.
La provincia de Palena y la región de Aisen sustentan los últimos enclaves de poblamiento del territorio nacional. Por localización y configuración geográfica, esta región se dispuso desde siempre como un lugar difícil de habitar. Su lejanía con los centros del movimiento primero españoles conquistadores y luego nacionales colonizadores, su clima inhóspito, sus bajas temperaturas buena parte del año, sus dificultades de acceso, fueron algunos de los factores territoriales que mantuvieron suspendida su ocupación. La condición “isla” de Chaitén es común a muchos pueblos de la región. Podríamos decir incluso que el aislamiento es la condición territorial que han mantenido estas regiones.



Por las condiciones geográfico-territoriales, la región tuvo una ocupación muy a baja escala, en su mayoría por penetraciones de pequeños grupos de colonos desde la Argentina a principios del siglo XX. Por la ubicación fronteriza de algunos de estos asentamientos y por la nula inversión estatal en las tres primeras décadas del siglo XX, estos pobladores tuvieron que crear una red de comunicación natural con el país vecino. Así estos movimientos espontáneos generaron una estructura territorial de asentamientos dispersos, sin conectividad entre ellos por décadas, manteniendo muchos de ellos hasta la actualidad, importantes grados de aislamiento y desintegración respecto del resto del territorio regional y nacional. Vivieron por décadas de regulación espontánea y de la economía del autoabastecimiento y la sobrevivencia, y desde recién los años ochenta, algunos lograron ser parte de una red de comunicación longitudinal estructurada por la carretera Austral y sus caminos secundarios, que además se conectar, han descubierto, abierto y mostrado el interior del territorio, generando nuevos intereses y oportunidades.


Entre las décadas del 30 y el 50, el Gobierno Central agrupó algunos de estos asentamientos existentes, en nuevas tramas urbanas trazadas e impuestas con criterios geopolíticos de frontera. A este tipo de enclave, pertenecen Chaitén (1933), Futaleufú (1933), en la X Región, Cochrane (1955), Chile Chico, Villa O´Higgins (1966) y Coyhaique(1945), en la XI. Basta revisar sus perfiles y anchos de calles, lo expuesto de sus espacios públicos y veredas, relacionarlo con el numero de habitantes, vehículos existentes y modos de habitar, observar lo expuesto de sus espacios públicos, evidenciar la relación del lleno con el vacío de su espacialidad urbana, e incluso revisar su emplazamiento, para entender el criterio centralista, ciego y de desconocimiento geográfico-climático con que fueron planificados. Tramas impuestas con mirada centralista, emplazadas en entornos naturales muy poco estudiados y prácticamente desconocidos, morfologías urbanas que sobrepasaban con creces la población existente, (en casi todos los casos las estructuras urbanas todavía hoy están sobredimensionadas) y donde hoy, en la mayoría de ellos, aun encontramos espacios insterticiales, cuadrantes prácticamente vacíos y una ocupación de manzana muy baja en densidad. Así estos poblados están rodeados y absorbidos por lo climático y por la geografía que aun hoy se revela como infranqueable. Nos debemos preguntar entonces. ¿En que medida el contexto geográfico de esta región predetermina los resultados materiales de la ocupación del hombre, su construcción social y cultural asociada a los eventos productivos y emplazamientos que se han manifestado en el territorio?. ¿Constituyen un valor agregado compatible con las propiedades del lugar, o son apenas estructuras superpuestas sobre el soporte natural?.

Foto :  Coyhaique, Capital región de Aisén

La especial geografía y características climáticas generan en aquí una especial riqueza natural, representada por cientos de cuencas y micro cuencas hidrográficas, numerosos lagos, ríos y glaciares, cientos de fiordos, ventisqueros y dos extensos campos de hielo. Ejemplo de ellos son el río Baker, el mas caudaloso de Chile con 1500 m3/s, el lago General Carrera, el cuerpo lacustre mas extenso del país con 1047 km2, el lago O¨Higgins, con el record de ser el cuarto lago mas profundo del mundo, y los volúmenes de agua contenidos en los campos de hielo sur y norte que representan el mayor conjunto de agua dulce del hemisferio sur del planeta, constituyéndose en una de las mas importantes reservas de agua del mundo. Esta región es considerada un tesoro ecológico dentro del país y por muchos ambientalistas del mundo, estando en ella el 38,5 % de los bosques nativos de Chile. También es relevante señalar que el 50,3% del territorio corresponde al Sistema Nacional de Áreas Silvestres protegidas por el Estado, con 2.175.394 ha de Reservas Nacionales; 3.026.968 ha de Parques Nacionales; y 409 ha de Monumentos Naturales. Además la Estrategia y Plan de Acción para la Biodiversidad Regional, contemplan 15 áreas prioritarias, que ocupan una superficie de 1.102.817 hectáreas, que corresponden otro 10,3% de la superficie regional, y a esto además debemos sumar las iniciativas privadas ligadas a la conservación ambiental que ya se estiman cerca del 9% de la superficie de estas regiones.

Las excepcionales características de esta región, sufrieron por mucho tiempo del abandono y subvaloración por parte de las autoridades y Gobiernos de turno. Han sido escasamente estudiadas, en su real dimensión paisajística, ecológica, productiva, económica y social, ya sea por desconocimiento general por parte de la población, como por su innegable reciente incorporación al calendario de temas de país. Este desconocimiento no colabora a la puesta en valor, protección y conservación de este patrimonio natural que ofrece un alto potencial para un desarrollo alternativo en la zona Austral de Chile. Pero así mismo, este desconocimiento ha contribuido a que se haya mantenido, hasta muy recientemente, bastante ajena al crecimiento económico e industrial acelerado que han experimentado otras regiones del país (en gran medida en la industria basada en la explotación y procesamiento primario de materias primas y recursos naturales) y, por lo tanto, ha estado menos expuesta al grave impacto ambiental negativo que generan muchas de estas actividades.
En este sentido debemos entender Aysén como una anomalía, un ámbito territorial de excepción donde la ruralidad y la naturaleza se extienden como los protagonistas del paisaje, y donde los escasos y pequeños centros poblados adquieren condiciones excepcionales de importancia y de urbanidad. Si el propio territorio otorga un conocimiento que nos revela el valor de su condición natural, y teniendo estas ciudades ya implantadas la obligación de generar desarrollo. ¿Cómo debe planificarse el desarrollo de lo urbano en este tipo de dinámica de territorio?. ¿Cómo debe ser una ciudad cuando esta emplazada en un territorio natural y medio ambiental tan significativo, y donde esa naturaleza y sus relaciones ecosistemitas podrían sostener el origen y la base de un posible futuro desarrollo del territorio?. ¿Cómo deben interactuar estas dos capas de redes complejas?. El territorio natural y ambiental y el medio artificial urbano, para que ambas puedan desarrollarse según sus maneras de operar y donde ambas deben desarrollarse, una para el bien de la otra. Fortalecerse en una simbiosis de capas. La primera que tiene en sus redes ambientales y flujos de ecosistemas sus principales elementos conformantes y la base del futuro desarrollo, y la segunda que tiene en sus redes de infraestructuras y en sus tramas y morfologías urbanas y sociales, el soporte de la actividad humana que sustenta la naturaleza y el paisaje como patrimonio.



Foto: Puerto Ingeniero Ibañez 1996.

El gran desafío para el nosotros como país es generar un nuevo desarrollo que, partiendo de estos mismos poblados, otorgue valor a un territorio al que se le debe una nueva mirada. Lo que el abandono ha producido, hoy puede ser el motor de crecimiento. La calidad y exuberancia ambiental en conjunto con la baja escala de lo urbano (100.000 hab, en 110.000 km2) generan una insuperable oportunidad de planeamiento territorial y urbano.
Esto seria posible con una decidida acción Estatal, que incorpore una inyección de inversión que tenga como horizonte repensar el sur como un territorio para desarrollar y no para explotar. Al camino a P.Montt se deben sumar muchas otras acciones. Una red naviera y de puertos importantes que permitan el flujo de productos y personas, incentivo para que nuevos profesionales viajen y se instalen con nuevos emprendimientos, centros de estudio superiores y de investigación, planificar las estructuras urbanas existentes en concordancia con el medio natural que las sustenta, etc. Enmarcar estos pueblos y ciudades en un crecimiento acorde con su medio geográfico y natural, para el fortalecimiento y futuro desarrollo de un polo urbano y territorial nuevo y atractivo para el país. Aprovechando sus recursos productivos, a nuevos conceptos de sustentabilidad ambiental, con la ventaja de la actual baja densidad poblacional y la aun muy pequeña escala de sus tramas urbanas. Reestructurar su morfología, incorporando las nuevas corrientes de urbanismo ecológico, donde la imagen de la ciudad sea el reflejo de una mirada del territorio.

La escala de lo urbano en estas regiones nos permite soñar en un nuevo modelo de ciudad ligado a la naturaleza y en nuevas maneras de habitar. Sus proyecciones de crecimiento poblacional y las proyecciones del propio territorio, en un lugar donde el desarrollo se asocia directamente a la conservación del estado natural del paisaje, nos presenta un escenario donde lo urbano se debe acoplar a ese modelo de territorio, que tiene en un futuro no lejano, una gran oportunidad de desarrollo. Un desarrollo que trae oportunidades aun no previstas para los extremos fríos y húmedos del planeta en el marco de un calentamiento global que aun no está dimensionado en su total complejidad.


Las ciudades de Palena y Aisen hoy en día tienen una gran oportunidad de generar las bases de este desarrollo en sus tramas y tejidos urbanos. En el adaptarse a las condiciones territoriales, en el convertirse en una red de pueblos y ciudades modelo en su correspondencia al entorno donde están inscritas. En atrapar dentro de su tejido (como una verdadera telaraña) los elementos y procesos naturales que las rodean, en el generar una nueva imagen de ciudad acorde con los planes normativos y proyecciones que se desarrollan, acorde con el pensamiento existente en la región sobre el valor económico y patrimonial de lo natural. Las nuevas ciudades hoy pueden ser el motor de ese pensamiento, pueden generar a partir de la vivencia, un compromiso con lo natural, puede iniciar desde la característica mas profunda del hombre contemporáneo, del hecho mismo de la ciudad, un nuevo y futuro diálogo con la naturaleza y el territorio.
Así como el hombre ha tenido que construir artificios en estos medios para poder sobrevivir, hoy estos mismos artificios pueden abrir sus puertas a la naturaleza y sus procesos ecológicos, abrir sus puertas a modo de recibirlos como huéspedes dentro de sus tramas, dentro de sus modos de vida, para hacerse parte de su paisaje urbano, de sus olores, de sus colores, de sus peligros, de su experiencia, y de la vivencia del hombre que las habita, donde el proceso de planeamiento sea una adaptación cultural dirigida a mejorar las condiciones de todo el sistema territorial. Para iniciar y comprometer estos elementos en la memoria de todo emprendimiento en la zona, para que sea parte de una cultura y para que en éste proceso sea reconocido como patrimonio.



Foto: Alrededores de Coyhaique







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